20 de octubre de 2026

Tormentas de verano y granizo: qué le pasa a tu tejado en Guadalajara

Rachas de viento, granizo y aguaceros de verano en Guadalajara y el Corredor del Henares: cómo dañan el tejado, qué mirar después y qué hacer si entra agua.

Tejas árabes nuevas colocadas entre tejas viejas con líquenes junto a la cumbrera

En Guadalajara el verano no solo trae calor. Después de varios días de bochorno es frecuente que a media tarde el cielo se cierre sobre la Campiña y el Corredor del Henares y descargue una tormenta corta pero muy intensa: rachas de viento que llegan de golpe, un aguacero que en pocos minutos llena las calles y, a veces, granizo. En ese rato el tejado recibe más castigo que en semanas de lluvia normal.

Lo engañoso de estas tormentas es que muchas veces no dejan rastro inmediato. Nada parece raro desde la calle y el susto se olvida. Semanas o meses después, con las primeras lluvias del otoño, aparece la mancha en el techo.

Qué hace el viento en una cubierta

Las rachas de una tormenta de verano no soplan de forma uniforme: empujan, aflojan y vuelven a empujar. En un tejado de teja ese movimiento busca siempre los puntos más débiles:

  • Las tejas de los bordes. En aleros y laterales la teja está más expuesta y el viento puede levantarla, desplazarla unos centímetros o tirarla al suelo.
  • Las piezas que ya estaban sueltas. Una teja con el mortero agrietado o mal apoyada aguanta años sin moverse hasta que llega una racha fuerte.
  • Los caballetes y las cumbreras. Si el mortero que los sujeta está cuarteado por el sol, el viento termina de soltarlos.
  • Antenas, placas y elementos añadidos. Una antena que se mueve golpea las tejas de alrededor y puede romperlas.

Una teja desplazada no siempre gotea enseguida, pero deja un hueco por el que el agua entrará con la siguiente lluvia que venga con viento.

El granizo y la teja

El granizo pequeño suele rebotar sin consecuencias en una teja en buen estado. El problema llega cuando la piedra es más gruesa o cuando cae sobre tejas que ya están envejecidas, porosas o con fisuras. En esos casos el impacto puede partir la pieza, desconcharla o abrir grietas finas que no se ven desde abajo.

También sufren los canalones, sobre todo los de chapa fina, que pueden quedar abollados, y las placas translúcidas de porches, cocheras y trasteros, que se agrietan con facilidad. En las terrazas, el granizo acumulado tapona los sumideros.

El aguacero: demasiada agua en poco tiempo

Aunque no haya granizo ni viento, el simple volumen de agua de una tormenta pone a prueba el tejado. Los canalones que tienen hojas, tierra o restos de nidos no dan abasto y el agua rebosa por el borde, cae pegada a la fachada o se mete por debajo de la primera hilada de teja. Las limas, que recogen el agua de dos vertientes, trabajan al límite, y cualquier encuentro mal resuelto con una pared, una chimenea o un peto deja pasar agua que en una lluvia suave no llegaría a entrar.

Qué revisar después de la tormenta

No subas al tejado: la teja mojada resbala y una caída es mucho más grave que cualquier gotera. Desde abajo puedes comprobar bastante:

  • Mira el suelo alrededor de la casa. Trozos de teja en el jardín, en el patio o en la acera indican que alguna pieza se ha roto.
  • Observa el tejado desde la calle o desde una ventana alta. Busca tejas torcidas, huecos en las hileras o cumbreras con piezas descolocadas.
  • Revisa canalones y bajantes. Si están abollados, despegados o llenos de granizo y restos, conviene limpiarlos y comprobar que desaguan bien.
  • Sube al desván o al bajo cubierta. Con una linterna, busca madera mojada, manchas recientes o puntos de luz entre las tejas.
  • Fíjate en los techos de la última planta. Una mancha que aparece o crece en los días siguientes a la tormenta apunta casi siempre al tejado.

Si encuentras algo, hazle fotos. Son muy útiles para valorar el daño sin tener que esperar y, si tienes seguro de hogar, para dar el parte.

Si ya está entrando agua

Lo primero es proteger lo que hay dentro: retira muebles y objetos de la zona, coloca cubos o recipientes y, si el agua cae cerca de lámparas o enchufes, corta la luz de ese circuito. Si puedes acceder al desván sin riesgo, un plástico o un recipiente bajo el punto de entrada evita que el agua se extienda por el forjado.

Lo que no conviene es intentar arreglarlo desde el tejado durante la tormenta o justo después. Lo sensato es llamar a un profesional para que haga una reparación provisional que corte la entrada de agua y, cuando el tiempo lo permita, una reparación definitiva: sustituir las tejas rotas, volver a fijar las piezas sueltas, recibir de nuevo la cumbrera o rehacer el encuentro que ha fallado.

Un tejado preparado aguanta mejor

Los daños de una tormenta se concentran en tejados que ya tenían piezas sueltas, mortero agrietado o canalones sucios. Una revisión al final de la primavera o, como muy tarde, en otoño, permite corregir esos puntos débiles antes de que una racha o un granizo los convierta en una gotera.

Si después de una tormenta has visto tejas en el suelo, una mancha nueva en el techo o simplemente quieres quedarte tranquilo, llámanos. Atendemos urgencias las 24 horas, los 7 días de la semana, y te damos un presupuesto gratis con revisión y fotos de lo que hemos encontrado.

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