20 de octubre de 2026

Calor en verano y heladas en invierno: así se desgasta un tejado en Guadalajara

Veranos muy calurosos, inviernos con helada y mucha diferencia entre el día y la noche: cómo afecta el clima de Guadalajara al mortero, la teja y la lámina.

Retejado a medias: lámina impermeable y rastreles a un lado y teja nueva al otro

El clima de Guadalajara es continental sin matices: veranos de mucho calor, inviernos fríos con heladas frecuentes y, durante buena parte del año, una diferencia grande entre la temperatura del mediodía y la de la madrugada. En la Alcarria y en el páramo, en pueblos como Pozo de Guadalajara, Pioz o Yebes, las heladas son todavía más intensas que en la vega del Henares.

Un tejado vive a la intemperie todo ese tiempo, sin descanso. No se rompe por un día malo, sino por la suma de miles de días de dilatar y contraer, de secarse al sol y empaparse, de helar y deshelar. Entender cómo actúa ese desgaste ayuda a saber qué vigilar y cuándo.

Lo que hace el sol del verano

En pleno verano la superficie de un tejado alcanza temperaturas muy por encima de las del aire. La teja aguanta bien el calor, pero no todo lo que hay en la cubierta es teja:

  • El mortero de cumbreras y aleros se seca, pierde elasticidad y se cuartea. Las grietas finas que aparecen en agosto son las que dejan pasar el agua en noviembre.
  • Las siliconas y masillas de los remates con chimeneas, paredes y ventanas se endurecen, encogen y se despegan del soporte.
  • Las láminas asfálticas de terrazas y cubiertas planas que están expuestas al sol se reblandecen, se cuartean en superficie y pierden la protección mineral.
  • Los canalones de plástico se deforman y se vuelven frágiles, sobre todo en las caras orientadas al sur y al oeste.

Lo que hace el frío del invierno

Cuando llega el invierno, el agua es la que hace el daño. Se mete en las grietas que dejó el verano, en los poros de la teja y en las juntas del mortero, y por la noche se congela. Al convertirse en hielo ocupa más espacio y empuja, abriendo un poco más cada fisura. Al día siguiente deshiela, el agua penetra algo más y la noche siguiente vuelve a helar.

Con los años, ese ciclo descascarilla la superficie de la teja, separa las piezas de la cumbrera del mortero que las sujetaba y desmorona las juntas de los remates. En las zonas altas de la provincia, donde hiela más noches cada invierno, el proceso va bastante más rápido.

El contraste entre el día y la noche

Aunque no haya helada, la diferencia de temperatura entre las horas centrales del día y la madrugada hace que los materiales se dilaten y se contraigan a diario. Cada material lo hace a su ritmo: la teja de una forma, el mortero de otra, la chapa de una lima o de un remate mucho más. En los puntos donde dos materiales distintos se tocan, ese movimiento constante acaba abriendo una separación por la que el agua encuentra camino.

Por eso las goteras de los tejados de Guadalajara rara vez salen en el centro de una vertiente. Casi siempre aparecen en cumbreras, limas, encuentros con chimeneas, petos y ventanas.

La suciedad empeora todo

Las hojas, el polvo y la tierra que se acumulan en limas y canalones retienen humedad. En las vertientes que dan al norte, que apenas reciben sol en invierno, aparecen musgo y líquenes que mantienen la teja húmeda durante días. Una teja que no termina de secarse es una teja que hiela por dentro cada noche fría.

Limpiar el tejado y los canalones no es una cuestión estética: elimina lo que retiene agua y permite ver el estado real de la teja y de los remates.

Por qué la revisión de otoño es la más importante

El otoño es el momento en que el tejado sale del verano con el mortero reseco y las masillas despegadas, justo antes de que empiecen las lluvias y las primeras heladas. Revisarlo entonces permite:

  • Recibir de nuevo las cumbreras y caballetes que se han soltado.
  • Sustituir las tejas rotas o descascarilladas antes de que el hielo termine de partirlas.
  • Rehacer los sellados de chimeneas, ventanas y encuentros con paredes.
  • Limpiar limas, canalones y bajantes para que el agua salga sin obstáculos.

Además, en otoño todavía hay días secos y templados para trabajar en la cubierta con seguridad. En pleno invierno, con el tejado helado o mojado, las reparaciones se retrasan.

Cuándo toca retejar

Si al revisar el tejado la teja aparece deteriorada en general, la cumbrera se suelta cada pocos años y las goteras cambian de sitio, poner parches deja de tener sentido. En esos casos lo más razonable es retejar: retirar la teja, colocar una lámina impermeable con sus rastreles y volver a cubrir con la teja buena que se pueda recuperar y piezas nuevas donde haga falta. La lámina protege la vivienda aunque en el futuro una teja se rompa.

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